Por Geovanny Vicente Romero

Nota del editor: Geovanny Vicente Romero es abogado y politólogo, con experiencia como profesor y asesor de políticas públicas y gobernanza. Es un estratega político y consultor de comunicación gubernamental. Actualmente está finalizando una maestría en Comunicación Política y Gobernanza en la Universidad George Washington. Es fundador del Centro de Políticas Públicas, Desarrollo y Liderazgo RD (CPDL-RD).

(CNN Español) — El título de este artículo no solo hace alusión a una apología política sobre sucesos acontecidos en dos regiones del mundo, también coincide perfectamente con las condiciones climáticas que experimentan la mayoría de los países que nos ocupan en esta ocasión. Las naciones latinoamericanas ubicadas en el hemisferio sur –ArgentinaBoliviaBrasilEcuadorPerú, entre otros– se encuentran disfrutando de la primavera, estación que para ellos inicia el 1 de septiembre y finaliza el 30 de noviembre.

Esta etapa climatológica propia del sur, está coincidiendo con otro tipo de primavera que proyecta un resurgimiento, un renacer ciudadano. En este caso, como símil vemos a la primavera representando la “juventud” y como antítesis tendríamos al otoño representando la “vejez” o el “ocaso” de un modelo o sistema. Algo parecido sucedió en el Medio Oriente cuando en el 2010 iniciaron protestas anti gobierno que dejaron como resultado el derrocamiento de varios, como es el caso de Zine El Abidine Ben Ali (1987-2011) quien por muchos años gobernó Túnez; o Hosni Mubarak (1981-2011) quien era un “de facto” faraón en Egipto.

América Latina también tiene su propia manera de sacudirse de los viejos modelos y acogerse a la esperanza de renovación. A continuación, de manera breve analizaremos algunos de los principales acontecimientos que estos definen el panorama político de la región:

Bolivia

Estos días le comentaba a la periodista Begoña Sevilla que constituye una gran preocupación para la democracia latinoamericana que los resultados de las elecciones bolivianas no se confirmen más allá de la duda razonable. Señalé que desde mi experiencia como observador electoral internacional, podría decir que “el cambio fue sorprendente en la tendencia del voto, el cual se pudo apreciar en la transmisión de los resultados preliminares tras el cierre del proceso. Nos dejaron con más dudas que certezas y esto provoca el aumento de la pérdida de confianza en los resultados”.

Henry Kissinger decía que “el poder es el afrodisíaco más fuerte” y yo pienso que después de 15 años en el poder, Evo Morales continúa adicto a este afrodisiaco que para algunos es incontrolable. Sin embargo, por otro lado, me recuerdo de la famosa frase de Lao Tsé cuando señalaba que “quien conquista a otros es fuerte; más quien se conquista a sí mismo es poderoso,” y precisamente eso pienso que hará el poderoso pueblo de Bolivia, seguirá la motivación de sus vecinos –Chile, Ecuador y el Perú– y se conquistará a sí mismo en las calles si las autoridades no son capaces de respetar la que fue su voluntad en las urnas.

Chile

Chile es un caso muy interesante. Por muchos años se nos enseñó que Chile era nuestro norte como región, nuestro modelo a seguir. Este discurso siempre vino de los organismos internacionales financieros, de los gráficos y las tablas de crecimiento y reducción de pobreza, así como de los economistas eruditos. Se nos vendió Chile como el milagro económico de una nación que todos deberíamos emular. Sin embargo, nos olvidamos de lo más importante: la gente. Nos olvidamos de preguntarle a la gente que vivía esa ‘realidad idílica’, nos olvidamos de ir a la fuente ya que las personas no son números ni cifras y solo a través del bienestar del ciudadano de a pie puedes medir el éxito de una política pública.

Recuerdo que hace un tiempo conversaba con una amiga, Karen Morales-Chacana, una actriz chilena establecida en la ciudad de Washington, quien ha fundado un teatro bilingüe llamado Teatro La Bolsa donde se cuentan historias. Ese día, yo maravillado por el progreso de Chile, le citaba logros que la nación sureña había alcanzado en las últimas décadas. Ella, sin pensarlo dos veces, de una forma pedagógica me desmontó todos los mitos que yo traía y reconoció aquellos que obedecían a la verdad. La semana pasada, al cumplirse casi dos años de aquella conversación, me la encuentro al finalizar una obra en el Teatro de La Luna, ubicado también en la capital. En esta ocasión, como aquella madre que toma placer en pronunciar la lapidaria y emblemática frase de “te lo dije”, ella me recordó aquella conversación. El caos que experimenta el gobierno chileno le ha llevado a cancelar las cumbre APEC y la #COP25 sobre cambio climático. Sí, estamos hablando del país con una de las democracias más solidas de América Latina.

Todo esto me trajo a la mente una visita que el ex presidente chileno Ricardo Lagos realizó a la República Dominicana en 2009. En su conferencia, Lagos señalaba que el gran desafío de los países latinoamericanos era la redistribución de la riqueza con crecimiento económico. ¡Cuánta verdad en ese pensamiento! Ya en ese momento Lagos era un ex presidente. Es un desperdicio monumental que los presidentes puedan ver los problemas con mayor claridad al salir del puesto. ¿Por qué será esto último?

Aquel enunciado de Lagos en 2009, adquiere mayor vigencia en el 2019 que vive su propio país, pues de nada sirve tener un crecimiento económico sostenido si no se refleja en los bolsillos del ciudadano de a pie. América Latina continúa sin hacer “la tarea”, por lo cual se mantiene como la región más desigual del mundo.

Ecuador

Tal como sucedió en Chile donde el presidente Sebastián tuvo que anular el alza al billete del metro chileno, en Ecuador Lenín Moreno tuvo que dejar sin efecto un decreto que imponía medidas económicas que fueron impopulares desde la publicación del decreto. ¿Qué ocurrió? El pueblo dijo ‘ya basta’ y se lanzó a las calles. Ecuador es un país que pasó de la izquierda de Rafael Correa, al centro de Lenín Moreno. Ese cambio ideológico no fue fácil, de hecho fue brusco e inesperado ya que ambos líderes eran de la misma corriente. El resultado es un nivel atroz de polarización social en el cual Correa no puede acercarse al Ecuador y de Lenín no se sabe si tendrá la resistencia para terminar su periodo.

Las diferentes crisis que ha vivido el país en los últimos años, yendo desde el caso Odebrecht hasta las recientes protestas, crean el caldo de cultivo para que estos dos líderes vivan echándose la culpa de todo y con esto el país dividido. Desde mi punto de vista, en la última crisis el gobierno se enteró de que los cambios que afectan a la población deben ser conversados con la población. Esto no fue posible hasta que el movimiento indígena se levantó y a pesar de la resistencia que encontró, se comportó con la altura que exigían las circunstancias y aguantó hasta el final. En esta batalla el resultado fue la retirada del gobierno.

Haití

La nación caribeña sigue siendo víctima del “juego de favoritos” que la comunidad internacional y las líneas editoriales de muchos medios tanto emplean. No podemos hacernos de la vista gorda con lo que pasa en Haití. De acuerdo a Naciones Unidas, 42 personas han fallecido en tan solo 7 semanas de protestas. De esta cifra, 19 murieron a manos de las fuerzas de seguridad. Hay que destacar que antes de que el pueblo chileno saliera a las calles a protestar, ya la ciudadanía ecuatoriana –entre ellos los indígenas- de una forma contundente había dicho NO a las medidas económicas del país.

Antes de los acontecimientos en Chile y Ecuador, gran parte de la población peruana había salido a apoyar la disolución del congreso como una manera de “resetear” las reglas del juego de la democracia peruana. Lo que pocas personas saben es que antes de todos estos sucesos ciudadanos de manifestación social, ya Haití había salido a reclamar el cese de la corrupción a inicios de año, continuando el mismo reclamo de cambio de paradigma durante los meses siguientes y actualmente lleva 7 semanas pidiendo la renuncia de su presidente. Como dije anteriormente, no podemos seguir jugando a favoritos.

En marzo de 2019, cuando las tres situaciones de emergencia que tenía la región estaban en Haití, Nicaragua y Venezuela, señalé sobre estos tres casos, que “sigamos presionando más fuerte en Venezuela, sin quitar la mirada de Nicaragua y sobre todo sin olvidarnos de los hermanos haitianos, que cargan su propia cruz.” La democracia no ha mejorado en estos tres países, con la novedad de que el sur se empieza a agitar en un despertar ciudadano. Este desinterés por la suerte de Haití que he mencionado, fue una de las conclusiones a las cuales llegamos durante un dialogo que tuvimos con el Secretario General de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, en el cual repasamos la democracia de América Latina en abril pasado. Desde esa fecha, poco hemos avanzado.

Perú

La democracia no es el único sistema político del mundo pero ciertamente es el que mejor funciona. Democracia no significa gobernar sin oposición política. De hecho, en democracia la mayoría debe saber que algún día puede pasar a ser minoría. Por tanto, la oposición política fortalece la democracia y reduce las posibilidades de una dictadura. Pero, ¿qué pasa cuando la oposición políticamente es irracionalmente exagerada? Igual que las dictaduras, entorpece el correcto funcionamiento de las instituciones y compromete la gobernabilidad porque ya no se ejerce oposición para mejorar cosas, en su “House of Cards” se oponen por oponerse a todo lo que se mueve en el aire. Vizcarra, quien había descartado buscar la reelección, decidió disolver el Congreso y adelantar las elecciones. Gran parte de la población salió a apoyar esta decisión. Algo deberíamos aprender de esto.

América latina necesita más oposición política, más voces sonando y más piernas movilizándose. Esta oposición debe ser racional, con sentido y bien intencionada. De hecho, hay quienes sostienen que cuando una democracia no tiene oposición debe crearla. La oposición genuina y bien intencionada debe diferenciarse del status quo y representar lo contrario a lo que critica y los gobiernos deben respetarla y garantizar su derecho ante todo estado de causa. ¡Que viva la democracia!

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