Nota del editor: Geovanny Vicente Romero es abogado y politólogo con experiencia como profesor y asesor de Políticas Públicas y Gobernanza. Es estratega político y consultor de Comunicación Gubernamental. Tiene una maestría en Comunicación Política y Gobernanza en la Universidad George Washington. Es fundador del Centro de Políticas Públicas, Desarrollo y Liderazgo RD (CPDL-RD). Las ideas expresadas en este artículo pertenecen al autor. Lea más notas como esta en cnne.com/opinión.

(CNN Español) —La Asamblea General de las Naciones Unidas es uno de los seis principales órganos de la organización global más importante del mundo. Este órgano, conocido como #UNGA por sus siglas en inglés, es el único en el cual todos los Estados miembros tienen la misma representación, así como la oportunidad de dirigirse al mundo en igualdad de condiciones evitando situaciones desventajosas propias de la historia metafórica de David y Goliat.

Sabemos lo que muchas veces sucede con las cumbres políticas: todo es cuestión de protocolo. En el caso de la Asamblea General, es la ceremonia en la que actualmente se dan cita más de 90 líderes del mundo, para pronunciar un discurso, asumir algunos compromisos y tomarse la foto en grupo, antes de retirarse a sus respectivos países. También sabemos, que muchos al aterrizar en sus tierras regresan al «modo posición original». Las cumbres, en muchos casos, nos dejan tres sensaciones: frustración, decepción y fracaso. De hecho, el célebre senador estadounidense Barry Goldwater llegó a afirmar que “la única cumbre que puede triunfar es aquella que no toma lugar”. Yo difiero de esta frase, pues no podemos ser pesimistas al respecto, el diálogo es y será el mejor mecanismo para resolver nuestros problemas.

Por otra parte, tenemos cumbres que nos han dejado con un sabor agradable del objetivo logrado, y a los líderes que las promueven, la satisfacción del deber cumplido. Algunas cumbres no han sido tan exitosas pero han tenido la intención, y en la política la intención genuina se llama voluntad política. Tal es el caso de los Acuerdos de Oslo donde se establecieron las competencias temporales tanto de Israel como de Palestina. El problema entre estos dos países no ha desaparecido pero llegaron a sentarse a la mesa y discutir su futuro.

Otro caso memorable fue la XX Cumbre del Grupo de Río llevada a cabo en Santo Domingo, República Dominicana. Si bien el tema principal era la energía, una crisis político-militar se desató en los países de Suramérica cuando militares colombianos incursionaron en territorio ecuatoriano en persecución de miembros de las FARC. El resultado fue la muerte del líder guerrillero Raúl Reyes, el enfado de Ecuador con el respaldo de Venezuela y Nicaragua y el rompimiento de las relaciones con Colombia. La cumbre, con el entonces presidente dominicano Leonel Fernández como anfitrión y mediador, logró dirimir el conflicto luego de las disculpas de Colombia.

Las cumbres sobre cambio climático pueden ser tan exitosas como las de paz si se hace un compromiso genuino. Recordemos el Acuerdo de París, dentro del marco de la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático. Estas reuniones fueron un éxito total, logrando el involucramiento de los 195 países miembros, entre estos EE.UU. que más tarde retiraría su firma con la llegada de la Administración de Donald Trump. El compromiso para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a través de la mitigación, adaptación y resiliencia a los efectos del cambio climático trajo un rayo de luz a la crisis climática. Nos hizo recuperar la esperanza. La crisis climática no se soluciona solo con cumbres pero no tenemos una mejor plataforma que los espacios que facilitan estos foros mundiales.

Regresando a UNGA 2019, esta reunión mundial constituye la ceremonia anual del “Oscar de la Política Global”, pues casi todos los presidentes y jefes de Estado –salvo los dictadores como Nicolás Maduro– recorren esta pasarela mundial acompañados de sus delegaciones. En esta ocasión, la sesión actual de Asamblea General de la ONU trae un matiz totalmente distinto a anteriores. Es menos aburrida y más cautivante, por una razón simple: se rompió la barrera generacional.

Por primera vez, todos los ojos del mundo no están puestos en las palabras del presidente Trump. De hecho, su lectura pésima del teleprónter en ocasiones anteriores ha aburrido a más de uno que esperaba el entretenimiento al cual nos tiene acostumbrados: los juicios categóricos y las frases incendiarias como «Fire and Fury» (Fuego y Furia) para Corea del Norte. En cambio, todos los ojos y oídos estuvieron puestos sobre una adolescente de 16 años, Greta Thunberg, que con su «efecto Greta» lleva el mensaje de su generación, justamente a la «generación Greta».

Sin duda alguna, puedo decir que aunque la Asamblea General durará toda la semana y aún falta mucho por ver y escuchar, ha sido el discurso de Greta el que se ha apropiado del momento cumbre de esta reunión de líderes. Este discurso que puede ser titulado «¿Cómo se atreven?», movió las fibras más sensibles de gran parte de la humanidad por su franqueza. Los jóvenes se han cansado de dejar que los adultos decidan todo y no les den participación.

Aquel viejo refrán que dice que «una golondrina no hace verano» se equivocó dramáticamente con Greta Thunberg. Hace apenas un año, Greta era tan solo una niña sueca que los viernes en vez de ir a la escuela, iba a las afueras del Parlamento sueco donde se sentaba sosteniendo su pancarta para pedir acción contra el cambio climático. Ella sola protestaba. Hoy su movimiento conocido como #FridaysForFuture llama a los jóvenes a protestar los viernes y la idea se riega como pólvora por el mundo.

Si los líderes mundiales no actúan, ¿qué podemos hacer nosotros?

No todos creen –algunos pretenden no creer– en el cambio climático pero un punto en el que todos podemos estar de acuerdo es que los fenómenos meteorológicos son cada vez más extremos. Esto es una llamada a la acción urgente en consonancia con la campana #ClimateAction. En tan solo dos años hemos tenido una cadena atroz de huracanes y tormentas que han afectado no tan solo al Caribe, también a EE.UU. El huracán María fue devastador en Puerto Rico y Dominica, y Dorian quiso borrar del mapa a las Bahamas. Entonces, ¿qué esperamos?

Naciones Unidas ha publicado una guía ciudadana que lleva por título “The Lazy Person’s Guide to Saving the World” (Guía de los vagos para salvar el mundo), que contiene una serie de acciones que aunque pequeñas son significativas si todos nos involucramos.

Cosas que se pueden hacer desde el sofá:

  • Ahorremos energía eléctrica. Apaguemos los aparatos y las luces cuando no los usamos. Ajustemos el sistema de aire acondicionado. Sobre esta iniciativa había comentado en un artículo sobre cambio climático para el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), titulado “5 iniciativas de ciudadanía responsable para detener el cambio climático” en 2016.
  • El cambio climático llegó para quedarse y no sabemos si los árboles serán testigos de esto. El siguiente consejo viene de una persona que adora tocar el papel y el olor de los libros. ¡No imprima! ¿Necesita recordar algo que ha visto en línea? Escríbalo en una libreta o, mejor aún, apúntelo en una nota digital y ahorre papel. Los árboles se lo agradecerán.
  • Las redes sociales constituyen el ciberespacio donde la sociedad actual se comunica con mayor facilidad. Manténgase informado sobre el avance de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) a través la cuenta @GlobalGoalsUN. Aproveche para informar y compartir información usando la etiqueta #GlobalGoals.

Cosas que se pueden hacer en la casa:

  • Todos amamos esas duchas largas de agua caliente que nos relajan. La guía de los vagos recomienda reducirlas y ahorrar agua mientras usamos el jabón.
  • Puede reducir su factura de luz a través con paneles solares y le hará un gran favor al planeta y a su bolsillo.
  • Ya es hora de deshacernos de ese viejo televisor y adquirir un modelo de bajo consumo.

Cosas que podemos hacer fuera de casa:

  • Vacúnese y vacune a su familia. Proteger a nuestros seres queridos de enfermedades también ayuda a la salud pública.
  • Consuma productos locales para impedir que los camiones se trasladen largas distancias. Esto ayudará a la economía de su comunidad, reducirá la pobreza y será una fuente creadora de empleos.

Con estos pequeños gestos no solucionaremos de forma inmediata la crisis climática pero sabremos que sobre nuestros hombros no descansará la destrucción de nuestra planeta. Este hogar no lo tomamos prestado de nuestros antepasados, lo tomamos prestado de aquellos que aún no han nacido. A ellos se lo debemos.

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